Uso del Condón

¿Cuán eficaces son los condones?

Los condones pueden ser eficaces para prevenir tanto el embarazo como las infecciones de transmisión sexual (ITS). Pero para que los condones resulten eficaces se deben usar constante y correctamente.

condón

Eficacia contra el embarazo

En los estudios sobre anticonceptivos suelen considerarse dos medidas diferentes de la eficacia: la eficacia del uso perfecto y la eficacia del uso habitual. La primera se refiere a la eficacia de un método anticonceptivo cuando se lo usa correctamente y con perfecta constancia; en este caso se tienen en cuenta sólo las fallas técnicas del método anticonceptivo—por ejemplo, el semen que se escapa a través de un orificio de un condón defectuoso. Puesto que la eficacia del uso perfecto puede ser difícil de medir separada del uso real, en casi todos los informes se considera que la eficacia del uso perfecto y las tasas óptimas de eficacia observadas en el uso real son iguales (537, 538, 575). En cambio, en la eficacia del uso habitual se tienen en cuenta todas las razones por las que se producen embarazos involuntarios, inclusive la omisión ocasional del uso del método por los usuarios, el uso incorrecto y las fallas técnicas del método.

Eficacia del uso perfecto: Entre las personas que usan condones de manera constante y correcta, las tasas de embarazo son indudablemente bajas—unos 3 embarazos por 100 mujeres durante el primer año de uso.

http://www.infoforhealth.org/pr/prs/sh9/h9chap4.shtml

Promoción de los condones

El SIDA ha traído consigo una nueva era de promoción de los condones. El condón es uno de los métodos anticonceptivos modernos más antiguos y ha estado disponible por muchos años. Pero antes del SIDA sólo unos pocos programas lo promovían activamente para planificar la familia. Hoy día los condones se promueven ampliamente como parte de las campañas de prevención del SIDA. En la promoción generalmente se destaca la doble función de los condones para la planificación familiar y para evitar el VIH/SIDA y otras infecciones de transmisión sexual (ITS).

Todo sobre los condones

No importa con quien, tu orientación  sexual o la de tu pareja; cuantas veces lo hagas; sino -cómo- se hace. Y en ese -cómo- lo importante es utilizar condón.

Los condones son barreras de látex que impiden que se entre en contacto con semen, fluidos vaginales o sangre en el momento de la penetración (oral , vaginal o anal).

Se han dicho muchas mentiras y se han creado mitos alrededor del condón, sin embargo, lo cierto es que se ha demostrado en diversos estudios su efectividad para prevenir la transmisión del vih y algunas ITS (infecciones de trasmisión sexual). Científicamente se ha comprobado que el virus vih no atraviesa el látex y que el condón es efectivo en un 98% de los casos, en el 2% de los casos restantes puede fallar debido a un error que no tiene que ver con el condón en sí mismo, sino con su mal uso, es decir colocarlo mal o utilizar lubricantes que lo pueden romper, es decir ese margen de 2% de error, es un error humano, que se puede disminuir a cero, si aprendemos a usarlo correctamente.

Los estudios científicos acerca del condón y su efectividad

Un estudio europeo llevado a cabo en 1994 (de Vinceni et al) llegó a la conclusión de que el uso regular del preservativo ofrecía una protección frente a la transmisión del VIH del 100%. En el estudio se comparó la transmisión del VIH entre un grupo de 123 parejas serodiscordantes (parejas donde uno de los integrantes tenia el vih) que utilizaban el preservativo regularmente y 122 parejas serodiscordantes que no lo utilizaban regularmente. Entre las parejas que usaron condón regularmente no se detectó ningún caso de transmisión del VIH frente a 12 casos de transmisión entre las parejas que afirmaron que no siempre lo utilizaban.

Los estudios de la OMS encuentran un alto nivel de eficacia en los condones

Hay varios estudios que muestran la eficacia de los condones en la protección frente a infecciones de transmisión sexual. Recientemente, la Organización Mundial de la Salud revisó una serie de

Los estudios entre trabajadoras sexuales en Lima (Sánchez et al) y entre mujeres altamente vulnerables a infecciones de transmisión sexual en EE UU (Crosby et al) concluyeron que el uso regular del preservativo conllevaba una reducción significativa del riesgo de infección por gonorrea, clamidia y sífilis. En la misma línea, un estudio que inscribió a personas de una zona de Uganda (Ahmed et al) con una alta prevalencia de VIH, sífilis, clamidia y gonorrea encontró que un uso regular del preservativo reducía significativamente el riesgo de contraer cualquiera de las infecciones anteriores.

Otro estudio estadounidense sobre adolescentes sexualmente activas (Crosby et al) detectó unos índices mucho más bajos de infecciones de transmisión sexual entre aquellas jóvenes que utilizaron preservativos regularmente.

Dado que el virus del papiloma humano (VPH) puede transmitirse por contacto con la piel externa de la zona genital, el uso del preservativo no puede garantizar que no se dé tal transmisión. Con todo, dos estudios holandeses publicados en 2004 (Hogewoning et al y Bleeker et al) encontraron que el uso regular de preservativos entre parejas donde el VPH está presente se asociaba con una regresión de lesiones en el cuello uterino y el pene.

De la revisión de la OMS se desprende que los estudios que se centraron en la eficacia de los preservativos “mostraron la eficacia estadísticamente significativa de los preservativos en la protección frente al VIH y la mayoría de infecciones de transmisión sexual evaluadas”.

Mitos y realidades:

Se han dicho muchas mentiras y se han creado mitos alrededor del condón, sin embargo, lo cierto es que se ha demostrado en diversos estudios su efectividad para prevenir la transmisión del vih y algunas ITS (infecciones de trasmisión sexual). Científicamente se ha comprobado que el virus vih no atraviesa el látex -los condones se fabrican con doble capa de látex- y que el condón es efectivo en un 98% de los casos, en el 2% de los casos restantes puede fallar debido a un error que no tiene que ver con el condón en sí mismo, sino con su mal uso, es decir colocarlo mal o utilizar lubricantes que lo pueden romper; ese margen pequeño de error, es un error humano, que se puede disminuir a cero, si aprendemos a usarlo correctamente.

Con el condón no se pierde sensibilidad en el acto sexual, ya que el látex utilizado es muy delgado, la actitud que tengamos frente al mismo es determinante, ya que el principal estimulo sexual comienza en nuestras mentes. Si pensamos que el condón quita sensibilidad nos predisponemos a ello, si lo aceptamos amablemente no será un -estorbo- sino un compañero que al brindarnos seguridad nos permitirá disfrutar a plenitud la sexualidad.

Si se pierde la erección en el momento de colocarlo no se debe al condón, se debe a como pensamos frente al mismo, y es desde nuestra actitud que debemos empezar a trabajar.

Para ser un experto se recomienda prácticas solitarias, (masturbarse con el condón) en estas prácticas podemos adquirir habilidad en colocarlo y quitarlo, y saber de que forma sentimos más placer o nos sentimos más cómodos, aprender a desempacarlo, etc. Así cuando estemos con nuestra pareja o con quienes nos involucremos sexualmente no nos sentiremos incómodos (por lo que probablemente el pene pierda su erección) o como aprendices, sino que ya hemos desarrollado habilidad en su uso y nos sentiremos más cómodos.

http://www.indetectable.org/pages/cond%F3n.htm#mitos

Historia del condón

La autoría del condón aún está en disputa. El vocablo se le atribuye al afamado, y posiblemente apócrifo, doctor Condom, quien lo fabricaría para el monarca inglés Carlos II. Sin embargo, el término pudiera derivarse de los vocablos latinos condus (recipiente) y condere (esconder, proteger).

La imagen más antigua de lo más parecido a un preservativo aparece en algunos murales egipcios, cuyas figuras masculinas portan en sus miembros una especie de envoltura, aunque el propósito no es claro.

La referencia escrita más añeja se remite al siglo XVI. En su tratado sobre la sífilis De morbo gallico (1560), Gabriello Fallopio, anatomista italiano, recomienda utilizar una funda de fino lino bañada en una infusión de hierbas astringentes para evitar el contagio de la entonces incurable enfermedad.

Lo cierto es que los vestigios de condones fabricados con tejido animal se remontan al siglo XVII. Y ya para el XVIII, los grabados y dibujos de la época informan que la fabricación de condones de intestino de carnero era moneda corriente.

La vulcanización decimonónica del caucho y la posterior aparición de la goma de látex, vinieron a revolucionar los condones de tripa. Desde los años treinta de este siglo se fabrican con hule de látex los controvertidos artefactos, y desde entonces su presentación se ha diversificado en una explosión de colores, olores y sabores.

(Tomado de Letra S número 4, noviembre de 1996

Juego de pudores y machismo

Se ha enfatizado en múltiples ocasiones la fragilidad del látex cuando se le aplican lubricantes que lo deterioran (vaselinas, cremas, aceites vegetales), en lugar de lubricantes hidrosolubles, los únicos recomendados. Las sustancias grasas deterioran la superficie del preservativo al punto de provocar una rotura durante el coito. Y aunque la dimensión del virus del sida es más pequeña, apenas 0.1 micras de diámetro, que las 3 micras que mide la cabeza de un espermatozoide, los condones impiden su paso, pues si muestran una gran eficacia en la prevención de embarazos no deseados, en el caso de la transmisión del virus del sida la eficacia preventiva es similar, ya que el virus está contenido en el semen, y al no poder de modo alguno atravesar ese líquido la superficie del látex, se descarta por consiguiente el paso del virus. Por si esto fuera poco, y admitiendo que ningún tipo de prevención garantiza una protección absoluta, queda una cuestión que los grupos conservadores opuestos al uso del condón insisten en soslayar dolosamente, y esto es que incluso el condón de fabricación “más defectuosa” ofrece mil veces más protección contra el virus de inmunodeficiencia humana que una relación sexual desprotegida.

A esta descalificación sistemática del condón se añaden otros factores de desinformación. Uno de ellos, la supuesta inhibición que provocaría el látex de la sensación de placer durante el coito. Contra esta suposición, muchos educadores sexuales han propuesto erotizar el condón y procurar estímulos sensuales muy variados a la pareja antes de la penetración, o en reemplazo de ésta. Erotizar el cuerpo en su conjunto y no privilegiar una genitalización excesiva del contacto, es un modo de propiciar un disfrute mayor del sexo con condón.

Los preservativos han inspirado a menudo desconfianza. Se les considera instrumentos alejados del orden natural y, por ende, del goce espontáneo. El rechazo instintivo del condón, por parte de la pareja masculina, tiene que ver con el mito de considerar que su utilización de algún modo disminuye la virilidad e inhibe una respuesta sexual efectiva. En contra de este mito, hay quienes recomiendan un juego previo con el látex, utilizándolo, por ejemplo, en prácticas de sexo oral protegido, como preámbulo de la penetración. Otro problema es la dificultad de negociar el uso del condón, la renuencia de muchas mujeres a proponerlo, y de paso a protegerse, por temor al estigma que supone ser objeto de suspicacia y recelo por parte de la pareja (“Si es tan buena para exigir condón, es que a muchos otros se lo habrá ya exigido”). La situación deviene un círculo vicioso: si el hombre no propone, la mujer tampoco dispone, y en este juego de pudores y machismo se juega la salud de muchas parejas.

Sobre la periodicidad de su uso, algunos se sorprenden y señalan: lo utilizo cuando me acuerdo, o cuando tengo una relación con alguien que no se ve muy sano, o con una trabajadora sexual, o cuando no le tengo confianza a quien acabo de conocer. En definitiva: lo utilizo de vez en cuando.

Este uso discontinuo, y prejuiciado, del condón reduce en mucho no la eficacia del mismo, sino la confiabilidad de quien reporta usarlo.

http://www.letraese.org.mx/condon.htm

Definitivamente la mayor seguridad que podemos lograr en un encuentro sexual depende en gran medida de aquellos métodos anticonceptivos que utilizamos, si es que no pretendemos un embarazo.

Recordemos que la información existe, pero no es solo conocerla. Pues tenemos una responsabilidad mayor al saber cómo protegernos y no hacerlo.

Tomemos conciencia acerca de nuestras prácticas sexuales, considerando es una parte natural de nuestro organismo, sin embargo la mejor manera de amarnos y amar a nuestra pareja definitivamente es protegiéndonos.

Hasta pronto.

A. Janeth Peralta Uribe

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