Marzo: ¿mes de la mujer?

Es muy sonado en los diferentes medios de comunicación el 8 de marzo “Día Internacional de la mujer” donde a través de actividades se quiere retomar el respeto y valor hacia la mujer.

Se menciona acerca de la violencia de género, tanto de tipo físico y psicológico.  Sin embargo la violencia sexual tiene un papel determinante en la dinámica de pareja.

La violencia sexual se define en el Informe mundial sobre la violencia y la salud como “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”.  (OMS)


La violencia sexual abarca el sexo bajo coacción de cualquier tipo incluyendo el uso de fuerza física, las tentativas de obtener sexo bajo coacción, la agresión mediante órganos sexuales, el acoso sexual incluyendo la humillación sexual, el matrimonio o cohabitación forzados incluyendo el matrimonio de menores, la prostitución forzada y comercialización de mujeres, el aborto forzado, la denegación del derecho a hacer uso de la anticoncepción o a adoptar medidas de protección contra infecciones, y los actos de violencia que afecten a la integridad sexual de las mujeres, tales como la mutilación genital femenina y las inspecciones para comprobar la virginidad.

Puede existir violencia sexual entre miembros de una misma familia y personas de confianza, y entre conocidos y extraños. La violencia sexual puede tener lugar a lo largo de todo el ciclo vital, desde la infancia hasta la vejez, e incluye a mujeres y hombres, ambos como víctimas y agresores. Aunque afecta a ambos sexos, con más frecuencia es llevada a cabo por niños y hombres a niñas y mujeres.

Morbilidad

En estudios nacionales sobre la violencia sexual realizados en Canadá, Finlandia, Suiza, Gran Bretaña y los Estados Unidos de América, entre el 2% y el 13% de las mujeres denuncian haber sido víctimas de un intento de violación o de una violación completa por parte de su pareja a lo largo de su vida. En estudios que se basan en grupos más pequeños de población, por ejemplo en Londres (Inglaterra), Guadalajara (México) y la provincia de Midlands (Zimbabwe), se indica que las tasas son superiores, situándose en un 25% aproximadamente.

Consecuencias

La violencia sexual tiene consecuencias significativas para la salud, incluyendo el suicidio, síndrome de estrés postraumático, otras enfermedades mentales, embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual, VIH/SIDA, lesiones autoinflingidas.

Prevención

Hablando de la prevención las respuestas a dicho suceso pueden verse limitadas y en su mayoría no se han evaluado. Para ello es necesario que exista prevención primaria en los múltiples niveles en los que se sitúan los factores de riesgo, desde el nivel individual, hasta el de la relación, la comunidad y la sociedad.

Entre las estrategias prometedoras a nivel individual o de la relación se encuentran los programas de formación sobre promoción de la salud sexual y reproductiva que incluyen cuestiones de género y prevención de la violencia contra la mujer, además de los programas en los que se trabaja con las familias a lo largo de las etapas de desarrollo de los menores para promover una infancia y adolescencia rica, enriquecedora e igualitaria. También parece mostrar resultados prometedores trabajar con hombres a nivel comunitario para que cambien el concepto de masculinidad y en el ámbito escolar para transformar las relaciones de género y convertirlas en interacciones igualitarias y sin violencia.

¿Qué hacemos ante ello?

La educación sexual es un aspecto fundamental dentro del desarrollo de cada individuo, pues no solo se trata de informar respecto a la reproducción o infecciones de transmisión sexual (its) sino de replantear una vivencia diferente a partir de nuestro sexo (ser mujer o ser hombre).

Es una labor que compete desde el núcleo familiar, educativo y a nosotras (os) educadoras (es) de la sexualidad. El camino no es sencillo, sin embargo podemos iniciar con pequeños avances que nos permitan acercarnos a la realidad existente.

La violencia sexual no está alejada de nuestra propia vida, pues las estadísticas van en incremento y esto sí es un asunto que si no nos ha sucedido, recordemos que tenemos mujeres cercanas a nosotros que pueden de igual manera estar en riesgo.

No esperemos que sea 8 de marzo para recordar el valor y el papel fundamental que como mujeres tenemos en nuestra sociedad. Somos complemento hombre y mujer, independientemente de la orientación sexual; porque la violencia sexual también es asunto nuestro.

Hasta la próxima: A. Janeth Peralta Uribe (Psicóloga y Sexóloga)

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