Maltrato infantil y abuso sexual.

El fenómeno del maltrato infantil (MI) es tan antiguo como la humanidad; sin embargo, es recién a partir del siglo XIX que la sociedad comienza a tomar conciencia del problema.

En 1959, las Naciones Unidas proclaman la Declaración
de los Derechos del Niño, concretada en un decálogo
de diez principios, que a pesar de no tener basamento
jurídico vinculante tuvo un gran poder moral.

En 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas
aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño.

Las primeras observaciones de niños maltratados fueron
descritas en 1868 por Ambrosio Tardieu, profesor de
medicina legal en París, quien se basó en hallazgos obtenidos
en las autopsias de 32 niños golpeados o quemados
hasta producirles la muerte.

El reconocimiento del abuso sexual (AS) como una forma de maltrato infantil, lo inicia Sigmund Freud (1856 – 1939). No obstante, es en la década de 1960 cuando se reconoce la importancia social del problema, iniciándose el estudio de su incidencia y reconociéndose su importancia clínica.

El maltrato infantil es definido en la actualidad (Organización Mundial de la Salud: 1999) como “toda forma de maltrato físico o emocional, o ambos, abuso sexual, abandono o trato negligente, del que resulte un daño real o potencial para la salud, la supervivencia, el desarrollo o la dignidad del niño en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder”

Pueden distinguirse los siguientes tipos de maltratos:

a)      Maltrato físico (activo): toda acción no accidental ejecutada por parte de los padres o cuidadores que provoque daño físico o enfermedad en el niño o lo coloque en grave riesgo de padecerlo.

Por omisión: (negligencia o abandono físico) En este caso las necesidades básicas (alimentación, vestido, higiene, protección/vigilancia, cuidados médicos, educación) no son atendidos por ningún miembro del grupo que vive con el niño.

b)      Maltrato emocional: (por acción) consiste en la hostilidad verbal crónica en forma de insulto, burla, desprecio o amenaza de abandono y constante bloqueo a iniciativas de interacción infantiles. Incluye ser testigo de violencia.

 

Por omisión: (deprivación afectiva) Desatención de las necesidades afectivas del niño, cariño, estabilidad, seguridad, estimulación, apoyo, rol en la familia, autoestima, etc.

 

c)       Abuso sexual: El AS se define como cualquier clase de contacto sexual con un niño menor de 18 años, desde una posición de poder o autoridad sobre el mismo.

El abuso sexual infantil constituye uno de los traumas psíquicos  más intensos y sus consecuencias suelen ser destructivas para  la  estructuración de la personalidad.

En definitiva, la infancia es una etapa que marca la pauta para conformar nuestra personalidad, los niños y niñas también son personas abusadas y explotadas. No basta con estar informados al respecto, sino, tomar las debidas medidas que nos permitan colaborar hacia la estabilidad familiar, emocional y psicológica de esa parte de la sociedad que le llamamos “el futuro del país”.

¿Cómo fue tu infancia?

Hasta pronto: A. Janeth Peralta Uribe (Psicóloga y Sexóloga)

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